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lunes, 29 de agosto de 2016

Patituerta

 
Que para allá que para acá
saltando sobre una pata,
pico abierto, ojos de nata,
se acalambraba la urraca.

Se acalambraba la urraca
dando gritos sin cesar:
volando bajo al pasar,
que para allá que para acá.

Iba renga y siempre triste;
con sus plumas diferentes:
sin brillo y muy desiguales.
Flaca, torpe y sin alpiste.

Se dejó la pata izquierda
en algún lugar del llano.
Es por eso que anda lerda,
patituerta y con desgano.

- ¿Y donde la habrá dejado?
No se acuerda para nada;
- ¡por dónde! – dijo su hada
dando vueltas con enfado

En la cueva de un cobayo
la pata había ido a parar.
Muy apurado en su andar
porque le dolía un cayo,

la pata se había llevado.
Pensó que era una pajita
y la guardó en su cajita
para usarla en el asado.


¡Ay urraca patituerta!
Pobre urraca en una pata,
dando una y otra vuelta 

con sus ojitos de nata.

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